Ayahuasca - Viaje y Renacimiento

"Al igual el fénix que, para resurgir, necesita pasar por el fuego destructor, tuve que ARDER para sentirme libre y que una parte de mí cayera en cenizas como en un sacrificio pagano. Y este deseo mío de volar como un pájaro para descubrir el infinito... Yo preferí la intensidad a la longevidad. Tanto mi vida amorosa como mi arte serían sacrificados ritualmente sobre el altar del fuego eterno..."


Carta a Marina, Niki de Saint Phalle.


Si tuve el valor y la necesidad de participar en los rituales de Ayahuasca, es porque todo iba mal y porque tengo una curiosidad insaciable. También es verdad que odio a los productos farmacéuticos químicos que nos obligan a tragar sin parar por cualquier tontería. Soy de las que piensan que estos productos dañan más que otra cosa y que hacen que nuestras defensas inmunitarias sean tan flojas como nosotros mismos. Por lo tanto, cuidar el corazón y el espíritu de forma natural, tradicional y ancestral me parecía la mejor opción.

En esa época, estaba haciendo unas prácticas en una casa de alta costura de Perú. Pusimos en marcha la colección aniversario de los 15 años de la marca y decidimos lanzarnos a descubrir los pueblos nativos de Perú para representar a través de nuestras creaciones esta tierra rica de historia y magia. Para nuestra ropa, necesitábamos incrustaciones de perlas, por lo que recurrimos a artesanos Shipibos. Este fue mi primer encuentro con artesanos indígenas, ¡y vaya encuentro!

Los Shipibos son unos de los grupos étnicos más grandes del Amazonas Peruano. Situada a lo largo del río Ucayali en la selva tropical amazónica, esta tribu ha conservado más o menos su identidad y sigue practicando actualmente sus tradiciones y creencias chamánicas, como las ceremonias de Ayahuasca. El objetivo de estas es volver al origen de todas las cosas, donde el individuo ve la creación del universo, el cosmos, «el conjunto universal de las cosas». Todo lo que existe forma un todo. Todo debe estar en armonía para estar en equilibrio con uno mismo y el universo, para disfrutar de una buena salud. Esta representación del mundo armonioso también se encuentra en su artesania.


Los Shipibos dibujan formas geométricas, parecidas a los motivos de las pieles de serpientes, sobre telas de algodón natural o de algodón teñido con corteza de caoba, lo que le da a la tela un color ocre. Estos motivos son pintados a mano usando caña de bambú como lápiz y frutas pequeñas aplastadas, cuyo jugo se vuelve de un color azul-marrón-negro cuando se expone al aire. También se pueden bordar a mano. Algunos dicen que los dibujos Shipibos son un tipo de partición, que cada representación es una música, un canto de curación único llamado icaro. El chamán transforma sus visiones en sonidos que las artistas femeninas traducen en motivos geométricos sobre textiles y cerámica.


Herlinda Agustin forma parte de las personas que dan vida a esta leyenda. Según ella, un diseño específico representa una canción específica, y viceversa. Ella explica que algunos dibujos pueden cantar, a un nivel espiritual, inducido por la ingesta de Ayahuasca. Se dice que si dos mujeres Shipibas pintan y cantan juntas en una gran cerámica, cada una por su lado, puede crear un dibujo perfectamente simétrico.


Lo que caracteriza a la cultura Shipibo es la relación que el individuo mantiene con las plantas. Podemos encontrar centenares de plantas medicinales en el seno de la comunidad. Se ha dicho incluso una vez que algunas etnias piensan que cada planta es única, que de diez rosas cada una tiene un poder diferente mezclado con un poder global que caracteriza la raza de la planta. Como cada individuo es diferente en esta línea, no se puede curar entonces a dos personas con la misma rosa. Hay que encontrar entonces la que vibre en las mismas tonalidades que la persona enferma.

Fui con mi compañero a reunirnos con una familia de esta comunidad que vivía en las afueras de Lima. Naturalmente, la diseñadora no pudo acompañarnos porque estamos hablando de uno de los lugares más peligrosos de la ciudad. Por lo tanto, contratamos los servicios de un chófer/guardaespaldas para tener a alguien que nos protegiera. Como mujer extranjera, era más probable que yo pudiera ser asaltada. Tras un trayecto muy largo desde la ciudad, llegamos al barrio marginal y fue un duro golpe para mí... Joven francesa de una familia de clase media, de una pequeña ciudad playera y tranquila, nunca me había enfrentado a una realidad así.


Viviendas de chapas y trozos de madera, fabricaciones inestables provisionales, hombres borrachos tirados por el suelo, otros que se emborrachan hasta poder reunirse con sus compañeros.

El lugar es tan peligroso que hay un policía armado a cada diez metros.


Nos reunimos con la familia con la que la diseñadora había quedado en la ciudad de Mancora. La mujer nos atendió a la entrada del campo. Nos enseñó la escuela Shipiba donde los niños de la comunidad van a aprender a leer, escribir, contar, pero también a tejer como sus ancestros y según las tradiciones Shipibas. La comunidad vino, desde la selva amazónica, a instalarse en Lima hace 20 años cuando su hábitat fue destruido por la explotación forestal y el terrorismo ecológico. Desgraciadamente, en la actualidad, el proyecto político de limpiar este barrio marginal los expulsa de nuevo. Tras haber perdido la belleza de la selva tan importante para ellos contra la precariedad de la periferia de Lima, tienen que encontrar una nueva solución.


Después, la madre de la familia nos invitó a su casa familiar. Ella, su marido y sus cinco hijos viven en una única pequeña habitación de unos diez metros cuadrados con un simple colchón en medio, un lavabo y hueco para el fuego en el suelo, eso les sirve de cocina. Sin ducha, sin WC. Nada..


Un único soplido del gran lobo feroz bastaría para derribar la casa.

Ver a esta familia vivir en estas condiciones me conmocionó, particularmente porque se nos había pedido que regateamos con ellos el precio del trabajo que debían proporcionarnos. Podéis imaginaros el sentimiento que podéis llegar a tener cuando se os pide negociar el arte de personas que no tienen absolutamente nada en nombre de personas que tienen todo y mucho más. Pero podéis estar tranquilos; no obedecimos la orden y hasta aumentamos sus tarifas.


En nuestro coche de lujo conducido por nuestro chófer privado hicimos el camino de vuelta completamente en silencio.


Aunque siempre he sido una gran defensora de las injusticias, desde ese día me he dedicado a la igualdad para todos y al respeto del arte ancestral indígena.


Unas semanas después durante una de sus visitas al estudio (ya que no pudimos desplazarnos a su casa porque tras nuestra llegada un poco destacada temían por nuestra seguridad ), el padre de esta familia de artesanos nos enseñó pinturas que el había hecho para exponerlas en un museo de Lima. Estas pinturas, vibrantes, eran las retransmisiones de las visiones causadas por la toma de Ayahuasca. Nos explicó los rituales, luego nos miramos mi compañero y yo y, a la vez, le pedimos que nos recomendará un chamán. Él quería conocer los rituales de sus ancestros, aunque yo estaba en busca de mis límites, de algo que pudiera hacerme salir de mí e ir más allá de este modelo societario que ya no aguantaba más. Yo quería ver la vida de otra manera y, si, fue lo que me sucedió...


La Ayahuasca no es una bebida inofensiva. Se trata de una mezcla pesada de lianas y otras plantas ancestrales, consumida desde tiempos inmemoriales por los chamanes de las tribus del Amazonas y que sirven para provocar un estado de trance adivinatorio. Es una toma de DMT* pura de mínimo tres horas.


La palabra Ayahuasca viene del Quechua "aya", que significa ancestro, alma, difunto y "huasca", que quiere decir liana, cuerda.

Esta bebida contiene la energía de los antiguos espíritus. Es el vínculo que nos une y nos ayuda a encontrar la armonía con la naturaleza y con nuestros seres queridos empujandonos a hacer un viaje interior.


La primera cita con el curandero no fue más que una conversación. Sabíamos que habíamos contactado una persona competente pero con esta sesión nos tranquilizamos aun más. Naturalmente, al principio, él no quería hablar conmigo. Me dijo que sería muy caro para mí porque yo solo era una mujer blanca que quería probar la Ayahuasca de la misma manera que se prueba una nueva droga de moda. Para mi compañero, sería casi gratuito, pagaría solo los ingredientes, porque es Peruano. Pero una vez que se lo expliqué, que le conté lo que no funcionaba, que me mostré sincera con él diciéndole que respeto sus tradiciones y que necesitaba de verdad que me ayudará, finalmente aceptó en el proximo ritual.


El hombre-médicina nos explicó entonces las restricciones que deberíamos seguir durante la semana para asistir a una sesión: nada de sexo, ni de carne, ni de productos lácteos, ni de sal, ni de tabaco, ni de otras drogas hasta la ceremonia. No comer ni beber después de las 13 h de ese mismo día.


Seguimos minuciosamente las instrucciones y llegó el día D.


Fue después de un largo día de trabajo cuando fuimos a ver a nuestro guía, el poderoso intermediario entre la humanidad y los espíritus de la naturaleza. Naturalmente, nos aconsejó vivir la experiencia en la selva, en vez de la capital, pero eso fue la experiencia que se presento a nosotros. El señor vivía en un tipo de garaje en un barrio nada famoso de Lima. Tras haber golpeado unas veces a la puerta, con un ritmo misterioso en fin de aumentar el efecto "aventura secreta" de esta experiencia, esa se abrió. La primera vez que vinimos, solo había una mesa en la habitación. Esta vez era irreconocible, había seis colchones en el suelo con mantas y una almohada en cada uno, un humo suave de incienso y plantas frescas perfumaban la habitación con sus perfumes.

Cada uno eligió su colchón y nos sentamos con las piernas cruzadas, en silencio, como niños impresionados esperando al maestro, mientras que el chamán terminaba de preparar la bebida.

Llegaron otras personas y, después, el hombre-médico vino hacia nosotros, uno a uno, para soplarnos tabaco sobre la cabeza y en la nuca con el fin de purificarnos y alejarnos de los malos espíritus. A continuación, nos "sopló/escupió" agua de florida en la cara cantando icaros.


" Abrete corazon y recuerda como el espiritu cura,

el amor sana, el arbol florece y la vida perdura "

Nos bebimos la decocción de color nada atractiva con sabor que combinada perfectamente con el aspecto de esta. Tras haber recibido cada uno nuestros propios icaros (cantos que servían para guiarnos en el camino de nuestra curación), nos acostamos en nuestros colchones, el chaman apago las luces, y nos relajamos esperando a que llegaran las visiones.

Durante este tiempo, tuvimos que pensar en las cosas que nos gustaría tratar con la planta.


Realmente, me resulta muy complicado explicar lo que se siente con la ayahuasca porque es mucho más de lo que uno se puede imaginar. Desde entonces, cada persona con la que me he encontrado que ha tenido esa experiencia me dice lo mismo : se trata de sensaciones que no se pueden describir con palabras de nuestro vocabulario porque están fuera de nuestra realidad.


Después de unos treinta minutos, mi visión comenzó a cambiar. Nunca me he sentido tan ligera y feliz, como si el universo me llenara de amor hasta un estado cerca a la explosión. Las cosas ya no tenían la misma amplitud. Todo parecía tan bello e importante. Recuerdo un momento en el que oímos una música que venía de la calle. No sé cuál era en realidad, ni lo que objetivamente valía esa canción, pero mi compañero y yo tuvimos la misma reacción: ¡era la melodía más bonita que habíamos oído en nuestras vidas !


Poco a poco, senti que me dividía en tres personas diferentes, mi yo acostada, otra Aurelia sentada y observando minuciosamente mi viaje a las mil maravillas y, la última, una versión microscópica de mí que se preparaba a hacer un viaje a dentro de mi propio cuerpo. Empezó un episodio de "El autobus mágico" o del "Érase una vez...la vida". Al mismo tiempo, sentía que la planta se propagaba dentro de mí, yo la acompañaba y le mostraba los lugares de mi cuerpo dañados por las historias de mi corta vida. Cada vez que mi mini-yó se acercaba a una parte de mi cuerpo cargada de las malas energías de mi pasado, tenía un espasmo y sentía como si se escapara de mi cuerpo desde este mismo lugar.


Cuando acabó esta etapa, personas, que consideré como los "grandes espíritus", se inclinaron sobre mí en medio de una extensión negra sin fin, centelleante de líneas y colores vivos. ¿Seguía en mi cuerpo o en el centro del universo? En todo caso, era un lugar maravilloso que me recordaba estas pinturas que nos habían enseñado unas semanas antes. Pensaba en constelaciones, un tipo de cartografía del universo y del tiempo, donde se mezclan lugares e historias. Estos grandes espíritus en pleno debate se preguntaban si tenían que ayudarme y mostrarme o no el camino correcto. Asistía a mi propio juicio, teníamos un diálogo y por lo tanto no hubo ni una sola palabra.


Durante las tres horas de visiones, mi doble cuidaba de mí tranquilizándome sobre el hecho de que la situación no sería eterna, que me ayudaría a que todo fuera mejor, que no tenía que tener miedo porque todo iría bien, que había que confiar en la vida. Fue en esa noche cuando comprendí el significado del verbo "ver".


Desde entonces, he entendido el poder de la naturaleza, de la ayuda mutua y tengo otra percepción de la vida y el mundo. Nada tiene el mismo sabor e, incluso, las cosas más insignificantes me muestran su gran importancia. Ya no como carne, de hecho detesto esta palabra, yo siempre digo que ya no como animales. He comprendido lo que quería hacer en mi vida y cómo tenía que vivirla. He conseguido perdonar, a decirme "eso es cosa del pasado" y "gracias" porque eso me ha llevado hasta aquí. He comprendido que había que dejar que pasara la vida sin tener que dirigirla, que bastaba con seguir la corriente, que tenía que luchar por las cosas en las que creo. Comprendí el lugar que tengo sobre la tierra y en el tiempo. Y es gracias a esta noche mágica que, unos meses más tarde, nació Uekani.

Aurélie Sonnet



* DMT: la dimetiltriptamina es una sustancia psicotrópica potente.