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La melodía del corazón

Actualizado: 3 dic 2021


Se suponía que este artículo solo iba a tratar sobre el J’ilol, pero finalmente mi investigación me llevó aun más lejos así que decidí compartirlos lo que surgió de mis investigaciones..


Desde que he estado en México, he aprendido a volver a conectarme con los principios básicos de la vida cotidiana, la vida de una joven francesa de la ciudad me había indirectamente y cruelmente distanciado de todo lo que la iglesia consideraba irracional. Así que hoy les hablaré, a través de la sabiduría de los sanadores del mundo, sobre algo que todos tienen ... El corazón. La primera vez que fui a Chamula sentí que estaba visitando un país mágico. Es como el amor a primera vista, pones un pie en ese lugar y te das cuenta de que te cambiará la vida. Kiki Suárez, una artista que vive en San Cristóbal de las Casas desde los años 70, nos habla de esto a la perfección:

"Chamula se parecería a cualquier pueblo moderno de cualquier otra parte de México si no fuera por los Chamulas vestidos con trajes tradicionales y esta iglesia... es la única iglesia del mundo que me hace sentir veneración, magia y misticismo, la única iglesia donde mi alma tiembla. Imagino que el día que llegue al purgatorio será así; cientos y cientos de velas flotando en un lugar sombrío[...]

En esta iglesia tocan y cantan el bolonchón(la música y danza tradicional) que tanto me gusta, encienden el copal y la gente reza, en un idioma desconocido para mí, un suspiro tan especial que me hace sentir que estamos en Chamula y en ningún otro lugar del planeta. Este lugar es tan único que su magia penetra en mis huesos".


El término J’ilol, se refiere a la persona que ha recibido de las deidades celestiales y a través de sus sueños, el poder de percibir mediante el latido del corazón. El flujo de las arterias del paciente "habla" al curandero transmitiéndole la causa de sus dolencias. La música de los latidos de su corazón en su muñeca también le susurra las medidas que deben tomar para mejorar su salud.

A menudo me hablaban de los J’iloles, los curanderos que ofician en esta iglesia, pero siempre lo he visto como una atracción turística más que como una verdadera medicina. Hay que decir que los Chamulas saben gestionar tan bien el turismo que no me sorprendió que intentaran cautivar un poco más a los visitantes. Luego conocí a la Abuelita, que también es curandera, y decidí dejar a un lado los prejuicios y abrirme a lo extraordinario, ¿por qué no hacerlo? Oye, por cierto, nuestra querida abuelita interpreta su papel de J'ilol en este video de rock en lengua tzotzil de la banda Vayijel. Checalo, ¡ esta genial !


"Aunque una persona quiera ser J’ilol, no puede aprender por sí misma, tiene que

llegarle de la misma manera como aprendieron nuestros antepasados [...] A mí, mi abuelo no me lo enseño, pero Dios me lo dio porque no permite que se pierdan los conocimientos antiguos, los de los abuelos y las abuelas, así que por eso me lo enseño en sueños"

Obviamente la llegada de los españoles ha alterado un poco la historia:

"Cuando Jesucristo vino a la tierra, destacó la necesidad de estar entre los que ayudan a curar[...] Nunca pidió nada a cambio y sus remedios se basaban en la fuerza espiritual. Cuando fue al cielo, nombró a los J’iloles como sus representantes".


Como Jesús no cobraba por sus milagros, los J’iloles deben hacer lo mismo, pero pueden aceptar regalos si lo desean. Esto me hizo dudar de la veracidad de los "curanderos turísticos", ya que por supuesto no son gratuitos. Tradicionalmente, el mandato ofrecido por las deidades es un servicio y no un medio de enriquecimiento. El turismo ha distorsionado un poco la tradición o ha dado lugar a la aparición de charlatanes, quién sabe.

A continuación, algunos testimonios para entender un poco mejor quiénes son los J’iloles :

"Sé curar. Tenía 6 años cuando empecé a soñar. Soñaba todas las noches. Una mujer y un hombre venían a mis sueños y me enseñaban a curar. Venían de arriba, de donde sale el sol. Me enseñaron todo porque el Jtolik, nuestro Dios, me había elegido".


Antonio Vázques Jiménez dijo : "Cuando tenía como ocho años fue que empecé a soñar para recibir el cargo de J'ilol, y aunque soñé y soñé a esa edad no sabía qué significaba lo que me venían a decir. Como :

"Púlsame por favor, siente lo que dice mi sangre y explícamelo."".


"Cuando le tomaba el pulso en mis sueños, podía ver qué enfermedad sufría el paciente y qué había que hacer para que su salud se mejore; pero aquí, en la tierra, donde tocamos el suelo, no sabía cómo escuchar el pulso, cómo entenderlo".


Dicho de esta manera, a menos que seas creyente, suena como una bonita historia, mística y bastante irreal, pero tomar el pulso no es un gesto extraordinario, porque todos los médicos de cabecera que conocemos lo hacen. Por ello, pregunté acerca de la historia de esta práctica en diferentes medicinas tradicionales, de diferentes países y de diferentes épocas. Resulta que es un método bastante internacional y atemporal. Por mencionar solo uno, hablemos del concepto de la Ayurveda, una medicina tradicional de la India:


"Nadi Pariksha es una de las técnicas utilizadas por los terapeutas ayurvédicos para dar información sobre la constitución de una persona, sus desequilibrios y el estado de su cuerpo. La lectura del pulso ayurvédico es una técnica compleja, antigua y tradicional utilizada para determinar el nivel de equilibrio o desequilibrio entre el cuerpo y la mente. En la India, los médicos ayurvédicos explican que cuando toman el pulso, su alma habla directamente al alma del paciente[...] Según el Ayurveda, la enfermedad se produce cuando la mente consciente se separa de su origen, la conciencia pura; y el origen de la conciencia pura es el corazón."

¡Bueno, bueno, qué historia tan familiar!


En muchas de las medicinas tradicionales del mundo, la enfermedad es un desequilibrio entre el cuerpo y la mente, a menudo debido a conflictos morales o a trastornos emocionales, y a veces incluso al simple miedo. De acuerdo con los descendientes mayas, la salud "se concibe como una perspectiva holística que reúne la armonía e